¿Quién será el Botero de la futura Colombia?

(Read in English)

“Cuando no existe el peligro de morirse de hambre ¿Qué es vivir?“

– Cornelius Castoriadis

Esta pregunta no solo se refiere a la necesidad básica del ser humano de comer, se refiere en general, al cumplimiento de todas las necesidades básicas del ser humano. Alguna vez te has preguntado, aparte de tener un techo sin goteras, una cama deliciosamente cómoda, una nevera llena de comida, un lugar donde has aprendido a escribir y contar y un lugar seguro y limpio para hacer tus necesidades y una familia de amigos y no amigos; ¿Qué es lo que me hace sentir vivo? ¿Qué es lo que me hace sonreír, pensar, que me emociona, que me hace triste, que me enoja? A esto va la pregunta de Castoriadis en su discusión sobre la transformación social y la creación cultural.

¿Quién será el Botero de la futura Colombia?

La respuesta a la pregunta de Castoriadis, o bueno como yo lo interpreto, es la cultura. La serie de principios sobre los cuales tú como individual le das un significado a tu vida, más allá de lo que necesitas para funcionar como un organismo, son las cosas que haces porque para ti, tienen un significado, y no porque necesitas hacerlas.

A través de la historia, a través del hacer de estas cosas, han emergido individuos que hoy en día son considerados como los genios de la historia. Castoriadis presenta los ejemplos de Kafka, Picasso, Michelangelo, Mozart y se pregunta quienes van a ser los Kafkas y los Mozarts del futuro? Y como estamos motivando que hayan espacios para incentivar la creación de estos genios entre las generaciones de hoy?

En el caso de Colombia, yo me pregunto, quienes van a ser los Boteros y los Garcia Marquez del futuro? Y como vamos a asegurarnos de que todo el potencial de genios que tiene el país se va revelar en lo que será historia moderna de Colombia? De quién van a hablar los museos de arte, de música, de literatura del futuro?

Volviendo al tema inicial de esta serie (parte I); ¿Como estamos promoviendo que no solo los que tienen plata, puedan desarrollarse como ciudadanos que se expresan y que crean cultura?

Aprendiendo a valorar, crear y pensar…

Mas allá de aprender a contar, leer y valorar, como seres humanos buscamos aprender a pensar y crear. Una buena escuela o nuestros padres nos pueden enseñar esto pero mas que todo; la ciudad (lo construido y la sociedad en conjunto) tiene el potencial y la responsabilidad de entregarnos las herramientas necesarias para poder desarrollar nuestra ciudadanía.

Por ejemplo, el espacio público donde las personas viven y hacen política es un lugar de enseñanza. Y no solo me refiero a la política en el sentido del voto y de las instituciones que nos gobiernan si no que también las practicas y los valores que nosotros como ciudadanos ejercemos en la vida cuotidiana.

Cuando compartes una banca con un señor desconocido, cuando le das el paso a una viejita al entrar a una tienda, cuando evitas el que pide limosna en el anden, cuando te acercas a un vendedor a pedir direcciones, todos estos actos son política. ¿Porqué? Porque son actos de convivencia que reconocen el espacio del otro, que forman relaciones de poder entre el uno y el otro, que resultan en momentos de intercambio etc. Y aun que algunos parecen pensarlo, uno no puede caminar por la ciudad y actuar como si fuera la única persona que existe en ella. Entonces, en este ámbito, se aprende a valorar al otro, a pensar en como funciona la ciudad y que es lo que le da su riqueza; y a crear, en muchos casos, una mejor ciudad.

En Bogotá…

Efectivamente, Bogotá es una gran escuela. A mi me ha enseñado sobre la inequidad, sobre el movimiento social, sobre la participación en el espacio, sobre la innovación, sobre como los que menos tienen son los que más dan, y muchas otras cosas sobre lo cual me hablaban en la escuela pero que no viví hasta que llegue a esta ciudad. Igualmente, es una ciudad que sigue aprendiendo.

Dentro de este marco, si leyeron la primera parte de esta serie, se darán cuenta mi posición sobre el rol del sector privado en la construcción de la ciudad. Es una posición bastante crítica, pero hay ejemplos que me han mostrado el potencial que tiene la intervención de este sector cuando es pensado de manera inclusiva, colectiva y social.

Por esta reflexión, les quiero contar de una casa que me dio mucha emoción conocer porque sentí una conexión importante con el discurso de Castoriadis y mi propia reflexión sobre el acceso de niños y niñas de bajos recursos a espacios donde se puedan desarrollar como Boteros, Mozarts y Kafkas.

Casa B, Belén, Bogotá

Casa B, Belén, Bogotá

CasaB, Belén, Bogotá, Colombia

En el 2012, dos Colombianos, Chucho y Dario vuelven de Alemania y se dedican a buscar un lugar donde crear un espacio alternativo que promoviera el trabajo comunitario.

El centro de Bogotá, la Candelaria, como muchos de ustedes lo saben, se está gentrificando. ¿Y para quién? Para los turistas, los hoteles, los museos y las universidades que han ido invadiendo esta zona de la ciudad y que, por la mayoría han ido construyendo o comprando la zona. Como lo expresa Diego, otro Colombianos que se ha unido al proyecto, ya no hay comunidad local en la Candelaria.

Para los que nunca han estado: al atravesar por la avenida Jiménez con 5ta, hasta llegar a la clle 1era, pasando por en frente de Doña Ceci (una tienda de barrio donde se ha desarrollado la cultura de la pola y el baile los viernes en la noche); el graffiti de Guache ‘Nuestro Norte es el Sur‘; la biblioteca Luis Ángel Arango y muchos hoteles, cafés y boutiques, es muy evidente la falta de residentes. No obstante, que al cruzar al otro lado de la (calle)1era, y empezar a subir por ella, hay un cambio drástico en lo que uno ve a sus alrededores. Ya no hay Hoteles de cinco estrellas, cafés con nombres en inglés, o estudiantes caminando con bolsos de marca.

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Belén en la ciudad, Bogotá

En su lugar, hay varios garajes abiertos y llenos de muebles viejos y hermosos, fósiles del pasado; hay hombres con pansas llenas de cerveza y sus mujeres que los regañan; hay niños corriendo de un lado al otro persiguiendo a los perros callejeros o a la pelota que se les va rodando por la bajada; hay jóvenes que te observan con medio ojo abierto analizándote fríamente; Y en la distancia suena la mecha de algún partido de tejo, el ruido de una tele con la antena que esta fallando o el del patacón y la carne que se están fritando en alguna cocina. Esto es vida de barrio. Esto es Belén.

No cae en duda, que el lugar óptimo para este espacio alternativo es Belén.

El inicio de esta intervención se enfocó en el trabajo con los adultos de la comunidad, haciendo un diagnóstico de ideas que se fueron implementando en la creación y programación de actividades en la Casa. Pero no era lo que CasaB es hoy, ha pasado por una metamorfosis dice Diego.

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Clase de manualidades, CasaB, Belén, Bogotá

Poco a poco se empezó a notar que los que más usaban el espacio eran los niños y niñas del barrio que buscaban un lugar donde descansar y distraerse después de la escuela.

Agricultura urbana, CasaB, Belén, Bogotá

Agricultura urbana, CasaB, Belén, Bogotá

Estos mismo niños fueron los que poco a poco, pusieron las ideas y la energía que fundo lo que el espacio es hoy, un espacio de pedagogía alternativa (ver actividades) donde se desarrollan habilidades en danza, arte, artes marciales, alimentación responsable y más que todo, la habilidad de apreciar el bien común y el trabajo colectivo.

Clases de Muay Thai, lideradas por uno niño del barrio, Belén, Bogotá

Clases de Muay Thai, lideradas por uno niño del barrio, Belén, Bogotá

Columpios, CasaB, Belén, Bogotá

Columpios, CasaB, Belén, Bogotá

3 años después, muchos de estos niños siguen visitando el centro todos los días. Algunos se han vuelto instructores o líderes en el centro, este año, uno se está presentando para ir al Perú el año que viene, a entrenar como instructor profesional.

Será: “Cuando no existe el peligro de morirse de hambre ¿Qué es vivir?“ o Cuando existe el peligro de morirse de hambre ¿Podemos vivir?”

Esta bien, lo acepto, es un poco extrema esta pregunta. Pero, y si hay un Pero. A lo que va la pregunta es; ¿Como podemos asegurarnos que hasta los niños y niñas que más sufren de la sociedad desigual en la que vivimos, también tengan la oportunidad de desarrollar el ‘vivir’ del que habla Castoriadis? ¿Será que, una ves mas, una intervención privada pueda presentarnos con una posible propuesta alternativa como lo es CasaB?

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